lunes, 9 de noviembre de 2015

EMPRENDER NO TIENE EDAD







Tiene 92 años, apenas ve, pero es tan coqueta, amable y vivaracha como debía serlo aquella adolescente que, recién llegada a Barcelona en 1936, entró en el Price a pedir trabajo y se sumó al ejército de mujeres que confeccionaban los uniformes militares. “Coser me salvó la vida”, dice Felicitas Garcés, nacida en 1921 en un pequeño pueblo de Huesca, una vida entera dedicada a la confección y a la moda. Y aunque hace ya muchos años que no viaja a París para ver tendencias, que no está detrás del mostrador en la tienda, todavía sigue muy de cerca el negocio que ella fundó con su marido, y que ahora dirigen su hijo Juan y su nieto Joan: la cadena de tiendas de ropa multimarca para mujer Felgar. Cuando muchos otros bajan la persiana para siempre, Felgar acaba de abrir su séptimo establecimiento en Barcelona. “Han sido atrevidos. Pero tenemos la esperanza de que irá bien”, dice la matriarca de la familia.

La joven Felicitas trabajó de costurera en el taller de una modista en el paseo de Gràcia donde se vestían “las señoras de los grandes fabricantes, para ir al Liceu”. “Pero yo entonces ya pensaba cómo lo haría para establecerme por mi cuenta”. Y cuando se casó con Pere Pavía montaron una camisería en la calle Conde del Asalto. “Pero dejaba poco margen y empezamos a hacer blusas para señora”.

Esa historia de posguerra evolucionó con el país y se convirtió en una historia del desarrollismo, “vendíamos al mayor y vendíamos a casas importantes como Jorba Preciados, el Sepu o El Corte Inglés. En Barcelona no había nadie entonces que confeccionara, tuvimos la suerte de ser los primeros”. Y entonces, explica orgullosa que “los principales fabricantes de lana de Sabadell nos traían los muestrarios en primicia”. Y visualiza al instante en su memoria “ese abrigo del que hicimos 500 unidades, fue un exitazo para El Corte Inglés”, o ese vestido de cuadros, al más puro estilo Brigitte Bardot, para el que se inspiraron en Saint Tropez y “que nos quitaban de las manos”.

Llegaron a tener 50 personas en el taller, pero la confección al por mayor dejó de ser un buen negocio, y a finales de los ochenta la empresa decidió dar un giro y concentrarse en sus tiendas propias. Primero habían sido las de Paral·lel y Ronda Sant Antoni. Luego, en 1963, abrieron en la Rambla. Hace un año que cerró, pero ese mismo local es el que ahora Mango acaba de anunciar que convertirá en una megatienda. Porque el low cost lo ha cambiado todo.

“La moda ha evolucionado. Yo tenía mucha clientela, pero cuando salió Zara, y se puso en la calle Pelai, tan cerca de nuestra tienda, fue un golpe, una revolución. Pero teníamos que continuar, tenía que levantar el ánimo de los empleados. Nosotros no nos quedamos quietos entonces, ni tampoco ahora”. Felgar intenta mantenerse en un estilo propio, alejado del low cost. “El estilo que me ha enseñado mi madre, basado en la calidad de los tejidos y del diseño”. Venden primeras firmas estranjeras (Armani, Liu Jo, Pennyblack, Michael Kors), alguna local (Aldo Martins, Sita Murt). “La prenda que nos gusta es la que puede vestir una madre y también su hija. Hoy las mujeres se cuidan mucho y tienen una edad invisible”, dice Pavía. Y su madre afirma que “hemos sobrevivido, porque lo hemos hecho diferente. A nuestras dependientas las formamos muy bien”. “Nuestras vendedoras son personal shoppers. En las cadenas, las dependientas son simples colgadoras de ropa”, añade Pavía.

Asegura la señora Felicitas que nunca ha entrado en un Zara, quizás sí se había acercado alguna vez a sus escaparates. “No me gusta”, pero sabe que vende mucho, y está al tanto de la magnitud del imperio Ortega. “Lo hacen muy bien”, añade enseguida su hijo. Ellos intentan ponerse a salvo en un nicho de mercado propio: Felgar es la tienda que viste a la mujer sin edad. “Es que hoy, una mujer de cincuenta o sesenta años es joven”, dice la señora Felicitas, incluso confiesa que comparte alguna pieza de ropa con su hija de setenta años. Y de hecho, lleva puesta una chaqueta que bien podría ponerse una de cuarenta. Y Juan Pavía añade: “No hay personas jóvenes o mayores, hay estilos”.

Cuando Felicitas Garcés hace balance, explica que “he trabajado mucho, mucho”. Hoy visita la nueva tienda, “y no sé estar quieta, lo miro todo” (aunque ahora son sus dedos los que ven cada detalle, cada puntada, cada dobladillo, cada botón). Ha sido emprendedora y empresaria, pero esas no son las palabras con las que se identifica: “Yo he sido trabajadora. Yo no pensaba en ganar, sino en dar trabajo, esa era siempre mi visión”. Y tampoco tuvo nunca la tentación de quedarse en casa, “aunque quizá me duele no haberme dedicado más a los hijos”, a lo que Juan quita importancia con la mirada de admiración que dedica a su madre.

Hoy el grupo factura cerca de 4 millones de euros, por encima de lo que hacían en 2007, cuando tenían la mitad de tiendas, según las cifras que gestiona Juan Pavía. Ahora Felgar se ha propuesto salir de Barcelona, “miraremos Palma, o otras ciudades grandes”. “Hemos conseguido subir ventas subiendo el posicionamiento, con marcas de recorrido internacional. Necesitamos prendas que enamoren, que sean glamurosas. Si no entusiasmas no provocas consumo”, dice Juan Pavía, pero también reconoce que “la crisis se nota una barbaridad”. Su madre asiente, y añade: “Esta crisis es diferente a la posguerra. Entonces no había de nada, y ahora hay de todo”.


Fuente: lavanguardia.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario